Cómo reescribir una leyenda - Supergirl: Woman of Tomorrow

Cuando levantamos la mirada al cielo y nos aseguramos de que aquello no es un ave ni es un avión, cualquiera está listo para asumir que ha de ser Superman, ¿cierto?

Todos lo sabemos, ¿no?

Pero, ¿qué pasa con Supergirl?

Ella también podría ser quien cabalga el viento. Al final, ese destello rojo que cruza el cielo a toda velocidad, lleva la misma capa, los mismos colores y el mismo emblema en forma de “S” brillando con orgullo en su pecho. 

Entonces, ¿por qué pasar por alto la mera y remota posibilidad de que quizá el tipo del rulo sobre la frente está ocupado en otra parte? ¿Qué tal si quien vuela a toda velocidad es en realidad su prima menor, quien ha aprendido a vivir y actuar dentro de la larga y oscura sombra de la capa de Kal-El?

Esa es la pregunta de la cual parte Woman Of Tomorrow, novela gráfica escrita por Tom King, con los paneles bellamente ilustrados por Bilquis Evely. 

Los diálogos poéticos de King, combinados con las hermosas ilustraciones de Evely, consiguen capturar de manera precisa la fragilidad detrás de los ojos de la Última Hija de Kryptón. Un dolor que debe mantener a raya mientras se yergue con orgullo como lo que realmente es, aún cuando ella lo dude: una buena persona.

Pero, ¿quién es?

Kara Zor-El es, antes que nada, una kryptoniana refugiada en la Tierra. Sin embargo, los detalles de su llegada al planeta nunca han estado tan claros como los de Superman. La versión más conocida la muestra como la protectora del pequeño bebé Kal-El. 

Pero, Kara llega demasiado tarde, y el bebé que debía proteger ya no existe: se ha convertido en Superman.

Aquella misión por la que pudo continuar viviendo y no perecer con el resto de Kryptón, ni siquiera pudo ser iniciada. Y ya no hay nadie para juzgarla.

Nadie, más que ella misma.

Este fracaso rompe con un antiguo y arcaico ideal femenino heredado de la cultura victoriana del siglo XIX, la cual definía a una mujer, o a una “true woman” como:

“… pía, sexualmente pura, sumisa y dedicada enteramente al reino del hogar y la familia (…) un verdadero ángel en la casa” (Tyson, 2023, pp. 76).

Kara ciertamente no existe para fungir ni como una virgen ni como una puta, sin embargo, el escándalo y el significado que aún cargan estas dos palabras, revelan que aún ahora, permanece la herencia sobre la forma dicotómica en que calificamos a las personas, a las mujeres hoy en día. 

Como si sólo pudieramos entenderlas, una vez que se colocan dentro de cajas.

Kara, ciertamente, está harta de eso. En la novela se presenta como una joven mujer con la mayoría de edad recién cumplida. Directa, quizá un poco altanera, pero amable. 

Lo único que ella desea es olvidar.

Olvidar su vida antes de la Tierra. Olvidar la muerte y sufrimiento de la que fue testigo. Olvidar el sacrificio de sus padres… y sobre todo olvidar la culpa que siente por querer olvidar.

Culpa de la Sobreviviente.

¿Cómo volverse parte de la sociedad, una que si bien la acoge, la percibe también como la versión más dócil y delicada del Hombre de Acero? 

Metrópolis, una ciudad ignorante de todo aquello que sucedió en un planeta moribundo. 

Metrópolis no vio morir el último bastión de toda una sociedad. La esperanza.

Metrópolis no recuerda eso. Ni Clark Kent, de Kansas. 

Sólo Kara.

Por eso bebe. Por eso viaja hacia sistemas solares con soles rojos. Por eso busca dejar de ser Supergirl por un momento y sólo ser ella.

Es entonces que aparece Ruthye. Una niña que busca vengar la muerte de su padre a manos de Krem de las Colinas Amarillas. Aparece en un bar de mala muerte, con una espada, valor y una sola intención. Sin embargo, es pisoteada y ridiculizada. Kara, es la única que se levanta a defenderla ante una pandilla de mercenarios.

Ruthy no ve a Supergirl.

Ella ve una joven rubia, hastiada y profundamente ebria haciéndole frente a un grupo de seres deleznables. Con el uniforme oculto y sin poderes, la heroína, podría haber ignorado el problema. 

Pero no lo hizo. 

Y eso le costó la salud de su compañero, Krypto el perro. 

Kara, inmersa de pronto en la problemática, acepta reticentemente llevar a Ruthye consigo en una odisea para capturar a Krem y salvar la vida de su peludo amigo. 

Claro, no lo hace por altruismo puro. Y si bien, no desdeña la misión ni el dolor de la joven, no la apoya en su deseo de asesinarle. No pensando en el hombre, sino en el peso que la niña cargará por el resto de su vida.

Por eso uno de los paneles con más impacto no son de la Kryptoniana surcando el cielo… sino enseñándole a Ruthye lo que es lavarse las manos.

A través de las páginas de Woman of Tomorrow, las dos mujeres atraviesan mundos buscando respuestas. Amenazas causadas por salvajes y hombres convencidos de tener dentro de sí el poder y derecho a ejercer por encima de ellas, de sociedades enteras, o demás. Incluso, enfrentan a la propia kryptoniana con la idea de la mortalidad a través de la lenta agonía de un Sol Verde.

A pesar de lo que pueda parecer, la novela construye a través de los ojos de la propia Ruthye, muchos años después de los sucesos, como la narradora poco-fiable; y exponiendo la agresiva cotidianidad presente hacia las mujeres, buscando por todos los medios hacerlas menos.

Ignorarlas. 

Romperlas.

Cada nueva amenaza a la que se enfrentan, entra en escena con una idea errónea: no miran a Kara como su oponente, sino como el boleto para consumar una venganza contra Superman a través de ella.

¿Cómo eso funciona?

Porque, erróneamente creen que ella será vulnerable. Nunca ven a Supergirl. Ven en la joven adulta frente a ellos a una versión menor del Hombre de Acero. 

Ya sea por la edad, por la apariencia, por ser mujer… la lista es larga.

Lo cierto es que ella no es ni quiere ser Superman. Las botas son muy pesadas y grandes. El camino, la lucha por encontrar a Krem de las Colinas Amarillas, y salvar a Krypto terminó por crear una leyenda, por mostrar a Supergirl, la Última Hija de Kryptón.

Salvaje, despiadada e inmisericorde con aquellos que osan atacar a los indefensos e inocentes. Así es como la pluma de Ruthye la relata, siendo que, en realidad, en aquella playa, su último acto contra Krem de las Colinas Amarillas, fue uno de justicia y no uno de venganza.

Condenarlo a la Zona Fantasma, pero hacer creer a todos que murió bajo la hoja de su espada.

Kara Zor-El, terminó ese viaje con una carga más en su espalda, una que no le pertenecía y que ni siquiera era merecida, lo cual, de manera irónica la volvió más sabia.

No se es una buena persona por que un emblema en el pecho lo dice. Se es buena persona por que incluso cuando sería mucho más fácil no serlo, se decide seguir intentando.

Kara, a pesar de todo, decide recordar a sus padres y a su planeta.

Decide levantarse y luchar por las causas que cree justas,

Decide aceptarse.

En un mundo, en su mundo, donde su rutina incluye levantar autos sin esfuerzo y luchar contra seres intergalácticos, Kara acepta su humanidad, y el hecho de que quizá siempre vivirá a la sombra de Kal-El.

Lo bueno, es que es una sombra bastante grande y densa.

Tyson, L. (2023). Critical theory today (3rd ed.). Routledge.

*Kryptón, kryptoniano y kryptoniana fungen como anglicismos en este texto.

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