"Together" (2025): Corporalidad, Dependencia e Identidad

El Cine es, en esencia, una forma de plasmar ideas, hechos, emociones, identidades e incluso recuerdos. También preguntas.

Por lo mismo, su naturaleza está muy conectada con la tradición romántica: es, a fin de cuentas, una forma de establecer un discurso, brindándole cierta corporalidad e inmortalidad a través de las miradas de quienes lo ven, y no sólo de quienes fueron parte de la misma.

Together, del director Michael Shanks, retrata de manera mórbidamente fiel el declive de una pareja atravesando el mayor horror: el momento en que el supuesto amor comienza a volverse costumbre, cotidianidad y ofrece más cuestionamientos que respuestas.

A pesar de que la cinta es descrita como una historia de terror corporal, es decir, donde visualmente llega un punto en que los cuerpos se transforman y deforman para probar distintos puntos, el núcleo de la cinta sigue siendo relacional.

A través del lenguaje visual que ofrece el body horror, más que una caja donde colocar la película, este termina por convertirse en una herramienta narrativa que representa de manera visceral algo que se puede llegar a sentir dentro de relaciones amorosas: el intenso deseo por la otra persona, el ansia psicológica de arrancarte la piel, o meramente el desequilibrio químico y emocional que puede ir de la mano con esa clase de interacciones.

La corporalidad no es indiferente a las relaciones ni al deseo. La llamada agresión tierna es prueba de ello. Se le conoce de esa manera al fenómeno en que una persona siente amor y ternura de forma desmedida, haciendo que el cuerpo deba estabilizarse, y para hacerlo, activa el instinto, la necesidad, de morder el objeto del afecto.

La cinta, tras plasmar un preámbulo de la parte mística de la historia, arranca con Millie y Tim, pareja de treintañeros citadinos, inmersos en una falsa narrativa de perfección pública. 

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Con ella pidiéndole matrimonio (y él rechazándola), mientras se mudan de la ciudad, a un pueblo, por trabajo de ella, se muestra un poco más de sus problemáticas relacionales y personales, así como pequeñas tensiones flotando entre ambos, celos, desacuerdos y rencores subyacentes.

Las relaciones románticas, con el paso del tiempo, tienden a obedecer una narrativa similar a través de una historia compartida, un lenguaje construido y una narrativa compleja que existe entre los involucrados y al exterior. Y como sucede, esta no siempre es igual, o siquiera compatible.

Estas se aúnan al hecho de que él se niega a tener encuentros carnales con ella, frustrándola, mientras la distancia se muestra no sólo como relacional y emocional, sino también presente en el plano físico y sexual.

La parte mística de la cinta, desencadenada por una cueva en el bosque de donde toman agua y pasan la noche, termina por activar algo en apariencia inocente, pero que las claves auditivas comienzan a mostrar antes de que se muestren en pantalla: Tim comienza a tener cierto magnetismo físico por Millie, una latencia sexual y atracción no verbalizada que la cámara muestra a través de close-ups intercalados de la piel de ella y la mirada perdida de él en un zoom-in con un pitido in-crescendo en sus oídos, fungiendo como el túnel que aliena lo que sucede en la escena.

Esto se vuelve tan fuerte que no sólo llega a controlar el cuerpo de él hasta estrellarlo contra una pared, sino que lo impide físicamente de dejar el pueblo y termina en la escuela donde trabaja, llevándola consigo al baño para tener un encuentro pasional, que comienza con el siguiente intercambio entre besos apurados y una melodía frenética complementando la escena.

Millie: Dime que me quieres.

Tim: Te necesito.

Tras el abrupto encuentro -que culmina en con una dolorosa separación al encontrarse él atorado dentro de ella-, la pareja comienza a notar, a sentir, que cada vez es más difícil alejarse físicamente.

De manera física y sobrenatural, la cinta muestra metafóricamente cómo una relación comienza a volverse tóxica, siendo que la de ellos, en la cinta, era por lo menos, parasitaria. 

Ella ve en él un amor cada vez más inestable, pero amor a fin de cuentas, mientras él ve en ella un hogar, alguien que no se irá.

Y, mientras estas certezas comienzan a disiparse, sus cuerpos, sus naturalezas físicas, comienzan a transformarse, anhelando volverse un solo ente: la sangre que cae del cuerpo, corriendo por la mesa hasta llegar al otro. Cuerpos dormidos acercándose lentamente a través de un pasillo en posiciones anti-naturales e imposibles para cualquier cuerpo normal, reaccionando a algo que ya no sólo es deseo, sino que se ha convertido en necesidad imperiosa, más allá de la racionalización de la mente.

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Tras una escena que culmina en la separación física a base de un corte anatómico en ambos que hace no sólo que acepten que algo sobrenatural les sucede, sino que busquen respuestas, y una solución más permanente que tomar relajantes musculares.

Resulta curioso que sea en este punto de la cinta donde la interacción entre ambos personajes deja de estar anestesiada por la cotidianidad. Finalmente, ante la diferencia de puntos de vista, se confrontan y reaccionan como lo que entendemos como una interacción de pareja estereotípica, según los arquetipos de los personajes en cuestión: él dice una tontería y ella lo regaña y lo corrige mientras él asiente.

Al llegar al cúlmen de la cinta, la historia vuelve a usar la narrativa sobrenatural como justificación para abordar actitudes muy humanas y muy reiterativas en relaciones románticas desgastadas por el tiempo, la convivencia y la insostenible procrastinación emocional.

Creer que siempre habrá más tiempo para arreglar las situaciones en pareja, una vez que cada individuo las logre “entender” aún cuando ya las conoce y las reconoce.

No hay nada más humano que el postergar y auto-sabotearse, más cuando otros elementos como el temor al compromiso y la falta de comunicación se vuelven presentes.

La cinta finaliza, con realizaciones románticas tardías, sacrificios y conversaciones honestas que pueden ser leídas de manera extremadamente romántica o profundamente co-dependiente, tal como suele suceder en la vida real. 

Al final, la única narrativa real es la que eligen seguir las personas dentro de la relación. Together entrega un mensaje no de aceptación, sino de un espejo para que evalúen su realidad en pareja y en solitario.

Y es que eso, últimadamente, es el amor: frío, mentiroso, neblinoso, y en ocasiones, cómodo, adictivo, y muy humano. Por eso mismo este se vuelve un arma de doble filo, una pauta instintiva, que la humanidad ha insistido en domesticar y adecuar a los estándares sociales y morales, reprimiendo deseo, mientras se busca una integración plena del yo, tú e incluso del nosotros.

Porque, el amor, ante todo, debe ser una decisión diaria, y un deseo de crecer con la persona frente a tí.

¿Y el resto de respuestas? Se irán hablando cuando sea necesario.

No hay un manual de usuario para relaciones románticas. (Aún)

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El amor es una paradoja, cuya respuesta aún no es clara.

Por que cada quien tiene una forma propia y privada de interpretarlo. -Pero ese es otro texto-

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