La absurda importancia de un cuadro de piel de 10x10

Hace un par de días perdí mi cartera.
Spoiler, apareció un par de horas después.
De hecho, al inicio ni siquiera noté que la había perdido. Desventajas de llegar empapado, tras haber corrido y visto una de las películas más nadaqueverientas de la cartelera.
Y no lo noté hasta que, a la mañana siguiente con un pie en la cochera y la otra pisando el clutch de mi auto me sentí de pronto muy cómodo en el asiento.
Luego la preocupación comenzó.
No me malentiendan. Uso cartera de forma constante desde primero de secundaria, cuando el Capitán América y el velcro protegían mi más preciadas posesiones: un billete de veinte pesos, mi credencial de la escuela y una tarjeta prepago de 50 pesos para el teléfono público que llevo conmigo desde 2008.
Sí. Aún tiene los 50 pesos intactos. Que sirva o no, ya es otro tema.
Pocas cosas cambiaron en los siguientes años. Comencé a cargar un par de hojas arrancadas con notas importantes, y mi tarjeta de Cinépolis, que luego me cambiaron en 2019, cuando entre a la prepa.
En pandemia el uso de cartera fue, en pocas palabras, redundante.
Y para el momento que mi sombra se proyectó de nuevo en la calle -o en el campus de cualquier forma- poco había cambiado. Nueva cartera -una vieja y desgastada cartera de piel Fossil que encontré en una caja de treinta años atrás-, pero más o menos los mismos elementos.
2022.
Volví a velcro con una cartera Converse a cuadros monocromáticos, que además se sujetaba con cadena al cinturón. Evitaba que la perdiera, o que, me la robaran, algo que jamás me pasó por la cabeza hasta Mayo 2023 cuando me encontré apretujado en el metro de CDMX viajando de Polanco a la Central Norte en una odisea de un sólo día que me hizo conocer a un par de ídolos y a la voz que terminó afectando algo en el espacio entre mis orejas.
Esa es historia para otro día.
Un par de meses después se agregó una tarjeta de débito y una de Cinemex. Algo de efectivo que siempre olvido que traigo. Fotos. Un par de papeles extra.
Just Stuff.
O eso creía.
Cambié de cartera de nueva cuenta hace un par de meses. Fue una tarea extraña. Migrar mis cosas, mis ideas y mis pedazos desteñidos de papel con palabras ininteligibles. Ni cuando cambié de teléfono me compliqué tanto.
Y un par de cosas no hicieron el cut a la nueva cartera. Una polo de cuero sin velcro.
Los tiempos cambian.
Ja. Hace un par de años, rodamos un cortometraje. En una escena, la estelar vaciaba la cartera de su co-protagonista, criticando el contenido que tenía en ella.
No había pensado en eso en años.
Huh.
Y aún quiero recuperar esa cartera. Mi actor se la quedó, con mis dólares en ella. Goddammit.
El punto es, que, después de perderla esta semana y de pensar qué sucedería si no la encontraba -además de perder mis puntos en Soriana-… tendría que volver a sacar mi INE.
No pasa nada, la saqué dos veces en menos de dos meses por que no puse la dirección.
¿Y la Licencia de Conducir?
…okay esa si me caló. Hice fila dos días completos para sacar mi licencia gratuita y sin fecha de vencimiento en la cual salgo con cara de maleante. No estoy dispuesto a pasar por eso. Y casi lo hago hace un par de años cuando un amigo robó mi licencia y no lo noté por quién sabe cuánto tiempo.
¿La tarjeta de Débito?
Meh, la cancelo y ya. Total, igual el chip ya ni funciona de tanto que la he traido en el bolsillo del pantalón por que me da flojera meterla de nuevo en la cartera.
¿Y la de Crédito?
… okay tenemos un problema. -Y ahí fue que chequé mi banca en línea, que, agraciadamente, seguía sin movimientos sospechosos, sólo el pago que no he cubierto de mi última incursión en carretera. -—
¿Qué más?
Quien sabe cuánto efectivo en billetes doblados, como tres tarjetas de puntos de tres supermercados distintos, la de la farmacia, del Oxxo, tres del cine, la del MiTren (¡cuídalo!), tickets con fechas a punto de borrarse, y un par de souvenirs de la vida.
Pasé saliva mientras aceleraba por la Salvador Nava y rebasaba a una pick-up color olivo.
¿En qué momento me volví adulto?, le pregunté al pequeño camarón tempura de peluche que cuelga de mis llaves. Él sólo me pidió que lo lavara (otra vez).
Adulto, con responsabilidades, y cosas serias -como tarjetas de verdad que cuando saqué casi hacen que anhelara volver a la secundaria donde con veinte pesos y una apuesta riesgosa, tenía para todo un mes-, pero, todo eso se cancelaba, se reponía o quizá incluso ya ni siquiera servía. -Sigo dudando de la tarjeta de teléfono público-
Lo que importaba eran precisamente esas notas, ideas, y recuerdos de momentos y de cosas que pasaron, externas a mí, los que más me aterraron creer perdidas.
Vestigios.
Atrapados en un tiempo moderno, congelados en el suyo, tal como el Capitán América.
Anyways, a todo esto:
¿Dónde estaba mi cartera?
Sobre un skate que uso como segundo piso de escritorio, en mi cuarto.
No la ví por que la lija también es negra.
Menudo adulto.
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