La Caída de un Ícaro Wannabe - Almost Famous (2000)
“Mira bajo tu cama… te liberará”
Los ojos azules de Anita dominan la pantalla con asombro y cariño mientras se aleja a toda velocidad de la estricta rutina que llamó vida bajo la mirada de su madre. Se va, gritando de alegría desde la ventana de un deportivo conducido por un novio desconocido.
William de once años, un niño prodigio que esperaba convertirse en Atticus Finch, hace caso a las palabras de su hermana y, por la noche, se arma de valor para mirar bajo la cama, ese espacio ligado con la oscuridad, los monstruos y lo desconocido, que, por una vez, sirve como el portal para tomar aquello que transformará al pequeño héroe: música.
Él no lo sabe pero esos vinilos se volverán el plano fundacional de toda una ideología, y con ello, la misma pieza que la haría tambalear.
Corte a 1973.
William, ahora un joven de quince años, trata de aceptar el deseo de su madre de convertirse en un abogado, un self-made man, tal como la sociedad esperaba; mientras mantiene su verdadera pasión como algo más que un pasatiempo a los ojos de su madre: escribir sobre música.
En su búsqueda incesante por ser escritor, consigue que Lester Bangs, editor de una revista musical, lo contrate para escribir sobre el concierto de Black Sabbath. Sin embargo, Lester, le advierte a William que en cuanto entre a la escena, los músicos lo percibirán como El Enemigo, un escritor más, al cual se le paga poco, es odiado por las bandas (…) mientras tiene un asiento preferencial para ver como los músicos destruyen el Rock & Roll, y todo lo que aman, con tal de volverlo una Industria del Coolness.
Los rockeros, esos autoproclamados dioses dorados, aristócratas poseedores de una verdad absoluta, se sienten invencibles, los reyes de su burbuja. Intocables, insondables, y sobretodo, inalcanzables.
A menos que ellos -el público, la crítica, la sociedad… la industria- lo permitan.
Es una fantasía de control, en la que se les permite vivir, siempre y cuando sean lo suficientemente valiosas como producto mercantil para la Industria. Sobra decir lo voluble que esta llega a ser. En su camino por lograr la entrevista con Sabbath en su primera asignatura, William se encuentra con Stillwater, los teloneros del concierto.
Armado con esa advertencia, una libreta, una grabadora y una verdadera pasión por el Rock & Roll, William comienza a entrevistar a los miembros de Stillwater, escuchando la bandera bajo la que navegan: ser reconocidos como artistas y no sólo como un producto. Artistas que aún tocan para el público y no para la crítica, se autoproclaman antes de la marca de media hora de metraje.
A lo largo de la cinta, los miembros de la banda, uno a uno, explican que entraron al ruedo no sólo para evadir responsabilidades sino porque “el Rock & Roll puede salvar el mundo. No se trata del dinero y la popularidad (…) pero las chicas son geniales también”.
Las palabras que Lester auguraba se entienden como verdaderas desde ese primer encuentro real: no sólo el Rock & Roll está muerto y fueron los rockeros los que lo mataron, sino que, también, William sería aceptado sin problemas.
Lo llaman El Enemigo, pero Stillwater uno a uno, confiesa sus contradicciones y sus propias y privadas filosofías en la música, la vida, e incluso el amor. Russell Hammond, el líder de la banda, siendo el más reticente respecto a William, busca tenerlo cerca. No sólo por el poder que tiene como reportero sino porque cree fervientemente que aún puede evitar que se vuelva como el resto de escritores.
William no ve eso. Sólo ve a hombres que poco a poco se están convirtiendo en dioses, brindarle la llave al Olimpo. ¿El costo? Su objetividad… entre otras cosas.
“Everything’s happening.”
Esas palabras resuenan en los oídos de William, sintiéndose aún un joven Teseo, parado frente a quien entiende como su Ariadna: Miss Penny Lane.
En este juego de construcción de identidad, un grupo de jóvenes, reniega de la etiqueta de groupies, llamándose Band-Aids: estando ahí para acompañar, consolar y recordar a las almas torturadas de artistas, no por las figuras que son, sino por lo que representan y llevan dentro de sí: la música.
Penny Lane es la líder de este grupo, cuya única regla es no intimar con los artistas. Tienen principios.
A veces, sólo oral.
Penny Lane, experimentada en la escena y contacto cercano con los artistas en ascenso, toma bajo su ala a un distraído y aún cautivado William, y de la mano lo lleva atravesando un camino lleno de distracciones, de personalidades, de drogas, excesos, sin darse cuenta -o importarle en todo caso-, que ella misma se había vuelto un obstáculo más en esa línea recta que pretendía mostrarle. Lo cual, es mentira. Al llevar a William con ella, Penny Lane vuelve al mundo de Russell, argumentando que él la necesita, cuando, quizá esa no sea la realidad.
Días después, William recibe una llamada: Rolling Stone Magazine está interesada en que escriba una historia para ellos. ¿La banda que El Enemigo elige? Stillwater.
Esta decisión, y el unirse a la banda on the road, comienza un camino transformativo para el joven prodigio, volviéndose una pluma respetable.
Para Stillwater, esta exposición representa reconocimiento: de ser teloneros de Sabbath, hasta necesitar de un nuevo manager, abandonar su autobús de giras -Doris is the soul of the band- en favor de un avión privado, ser fotografiados por Annie Leibovitz para su artículo de portada en LA Rolling Stone Magazine, y, básicamente, escalar en la jerarquía de la relevancia musical.
En el mismo camino, las cuerdas que hacen que la banda funcione, comienzan a desgastarse: cosas tan banales como el ego, la falta de reconocimiento y la necesidad de una voz, comienzan a hacer mella en sus propias relaciones, pero, más importante, en la música y el futuro de la banda. Los integrantes de Stillwater urgentemente necesitan comunicarse y llegar a un consenso que evite que arte, música y fama los haga inmolarse antes de tiempo.
Las Band-Aids tienen ya su decisión y postura, e incluso otra banda a quien apoyar. Penny Lane sabe que Russell es prioridad.
Pero El Enemigo se engaña, argumentando el artículo por el que le pagarán a grand, cuando realmente su corazón está no con la banda, sino con esos cuatro hombres jugando a construirse como mito.
Donde El Enemigo duerme
“Is a song better when it really happened to you?”
¿A quién le pertenece una canción?
¿A la musa que la inspiró?
¿A quien puede apreciarla de verdad?
¿Al público que la aclama y corea?
¿Al Artista que la concibió?
No. La canción, últimadamente, le pertenece a la industria. Misma que se encuentra tatuada en el cuerpo de los propios dioses del rock.
Mercantilización.
Dentro de la cinta, la mercantilización se convierte en un fantasma, en un acuerdo tácito y en una realidad que hace que los personajes operen y naveguen en un mundo relativamente libertino, pero profundamente estructurado.
La banda intenta quedar bien ante William, incluyéndolo, pero desconfiando de él. Penny Lane existe como una figura de poder al servicio del rock. Una maquinaria que no deja de verla como sólo una groupie. William los mira, los observa, llega a apreciarlos, pero sabe, muy en el fondo, lo que debe hacer. Lo que debe escribir.
Ambas partes saben quiénes son afuera de su pequeña y privada burbuja donde it’s all happening: la revista, la Rolling Stone: es el medio a través del cual la audiencia conoce a sus ídolos. Si la revista vende bien, la banda crecerá más y más. Y la industria musical acogerá a Stillwater al menos hasta que la siguiente banda llegue, y deban volver a luchar por su lugar.
Una ideología de libertad y ferocidad. Un grito de honestidad en medio de un océano de falsedades, que al final, no dejan de estar ligadas a aquello que dicen odiar.
La imagen pública lo es toda. La ilusión de complicidad y honestidad termina por verse destruida. De pronto, los chicos de Stillwater se vuelven no los tipos con los que casi muere en un avión, sino, Stillwater. Russell, el tipo que le dijo, escribe lo que quieras, termina por volverse Russell Hammond, aquel que niega que lo que vivieron, alguna vez pasó. Aquel que desacredita su historia ante Rolling Stone.
Lo que pasó pesa demasiado para volverse la verdad.
Esa es la realidad. La fama pide a los músicos entregar parte de su voz para sonar más fuerte. De retrabajar una historia, una en la cual gritar “¡Estoy drogado!” pesa más como últimas palabras que “Me gusta la música”.
William, al final, en un mundo que no siempre termina por darte lo que quieres, consigue que su creciente reputación sea reparada. Stillwater permanece fiel a sí misma, con altos y bajos.
Penny Lane se aleja de todo. Abandona el seudónimo, las gafas entintadas y su papel como musa funcional. Tanto para Russell como para William.
Y Russell, en la habitación de William, a escasos centímetros del lugar donde la pregunta inicial se fraguó, le da una respuesta directa a William:
WILLIAM: ¿Qué es lo que te gusta de la música?
RUSSELL: ¿Para empezar? … Todo.

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